*Este libro es el más autobiográfico de entre los suyos: nos remonta a su Polonia de niñez y juventud, sus años de estudio y su primer trabajo.
Rodolfo Mendoza
Viajes con Heródoto de Ryszard Kapuscinski es un libro único por diferentes motivos. Un libro singular dentro de la ya gran y plausible bibliografía de su autor. Un libro impar dentro de lo que comúnmente se llama reportaje (a falta de mejores y más amplios términos que indiquen cristalinamente el trabajo de este polaco), y un libro inconfundible dentro de la literatura autobiográfica.
¿Hace falta presentar a Kapuscinski? Por supuesto que no: desde sus primeros libros como La guerra del futbol y El Sha, este autor ha dejado en claro que no es sólo un reportero y que lo que hace no son solamente “artículos” periodísticos. El autor del magnífico libro El imperio, desde muy joven salió de su natal Polonia para recorrer el mundo de cabo a rabo, sin darle tregua al clima, la lengua, las guerras, o las adversidades propias de una profesión que habrá que definir como herodotoniana. Es decir, ni Heródoto ni Kapuscinski fueron ni son simples reporteros-historiadores-observadores; al contrario, son una suerte de críticos-filósofos de su contemporaneidad.
No es gratuito que Heródoto esté mencionado en el título de este libro, uno de los últimos de su autor y, sin duda, el más autobiográfico. El lector, al acercarse a este volumen, debe tener clara la labor y la obra del griego, pues algo similar realizó Kapuscinski: viajar por lugares olvidados o, incluso, desconocidos y dar cuenta de lo que en ellos pasa: vida cotidiana, costumbres, comida, política, geografía, etcétera.
Decía en líneas inmediatamente arriba que este es el libro más autobiográfico del auto: nos remonta a su Polonia de niñez y juventud, sus años de estudio y su primer trabajo. Con uno de los tomos de Heródoto bajo el brazo, Kapuscinski emprendió un viaje perenne por todo el mundo. Quien conozca su obra sabe de sus trabajos sobre América latina, África, Rusia, el Medio Oriente, Europa, en fin, sabrá que nada le es ajeno a unos ojos tan conspicuos como los del autor de Ébano.
Gracias a los marcos teóricos de los “especialistas”, la obra de Kapuscinski no se considera propiamente literatura. Hay que decirlo de una vez: para esta obra debe proponerse un género nuevo, pues no es propiamente reportaje, ni libro de viajes, ni memorias, ni estudios etnológicos: es literatura pura a la que, para incluirla en este arte, debe dársele un nuevo género.
En el año 2003 se le concedió uno de los escasos premios que recibió en vida, el Príncipe de Asturias, aunque se le dio en el área de Comunicación y Humanidades, no en el de Literatura, si algo hace este enorme escritor es, por supuesto Literatura. Estoy seguro ese día, al recibirlo, en su cuarto de hotel había un volumen de alguno de los nueve libros de la Historia de Heródoto.
